Algunos apuntes sobre la BD belga y Spirou

por: César da Col

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Texto aparecido originalmente en la revista El Historietista N°5, fechada en Buenos Aires en Agosto de 2004.

Nota: El autor de este artículo se declara absolutamente “belgalófilo -si existe ese término- con grandes simpatías manifiestas hacia la Escuela de Dupuis, sin dejar de lado la de Lombard”, y es muy probable que exprese sus conceptos de una manera más que subjetiva. Y agradece también a Adrián Montini por el dibujo y al periodista Fabio Blanco por el poema. Al ya fallecido Franco Fossati, como siempre, los máximos respetos.

De todos los pueblos de Europa, el belga es el mejor

Para los amantes de la historieta humorística de aventuras, Bélgica es LA MECA de este arte. Sus habitantes (que al norte hablan holandés -región flamenca-y al sur hablan en francés – región valona-) son conscientes del valor cultural de su Bande Dessinée, un valor indiscutido, que les brinda una unidad como nación y una identidad ante el mundo: más allá de la calidad artística de sus historietas, los belgas aplican un cuidado editorial en la publicación de los albums, con cubiertas de tapa dura, una buena impresión (“la BD es para guardar en la biblioteca, para que pase del abuelo al nieto”, me decía un integrante del staff del CBBD); murales y esculturas de sus personajes más emblemáticos se encuentran en las callejuelas de Bruselas y otras ciudades; dos museos realmente maravillosos, como lo son el Centro Belga de la BD -CBBD- y el Museo Hergé, difunden y magnifican las obras de los artistas; ferias y festivales de BD por doquier… la BD es considerada un arte verdaderamente popular, un arte para la gente, para todos, para personas de 7 a 77 años de edad, por eso el lema que tienen es el brindarles lo mejor de uno a cada uno.

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Los belgas (que a lo largo de su historia fueron invadidos por muchos pueblos, como los romanos y muchísimos siglos después por las siniestras legiones de Adolf Hitler) lograron cruzar sus fronteras hacia gran parte del mundo occidental, o al menos del mundo europeo, de una manera sabia y pacífica: con la Historieta. Por algo se jactan de tener como estandartes, como símbolos indiscutidos de su Nación a “Tintin” (por Hergé), “Lucky Luke” (por Morris), “Les Schtroumpfs” (“Los Pitufos”, por Peyo), “Boule et Bill” (“Dany y Pompón”, por Roba), “Blake et Mortimer” (por Jacobs) y, por supuesto, a quien está dedicado este artículo: “Spirou” (por Rob Vel, mascota oficial de la CEE) y a los personajes que nacieron de su serie, como “Gaston Lagaffe”, el “Marsupilami” (aportes de Franquin) y “Fantasio” (aporte de Jijé).

Claridad narrativa vs. Expresión gráfica

Para que el lector de “El Historietista” tenga un panorama muy sintético de la historia de la BD belga, haremos un repaso muy, pero muy escueto por su trayectoria. No abordaremos los orígenes de la misma (se puede mencionar a las antiguas estampas japonesas-que influyeron a muchos artistas impresionistas- o a Alfons Mucha, Winsor Mc Cay, George Mac Manus, ChicYoung, Alain Saint Ogan, Rob Vel o como decía E. P. Jacobs, que la “línea clara” nació porque las técnicas de impresión de la época así lo requerían), sino que directamente iremos al punto de estudio:

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En Bélgica se forjaron dos corrientes estilísticas, dos escuelas muy diferenciadas en sus principios, pero que a lo largo de los años se fueron influenciando mutuamente. Una de ellas es la “Escuela de Bruselas”, cuyos líderes y “alma mater” son Hergé (Georges Remi, creador de “Tintin”) y Edgar Pierre Jacobs (que supo trabajar para Hergé y es el autor de “Blake y Mortimer”), y todos aquellos que pasaron por el “Estudio Hergé”, como Jacques Martin, Roger Leloup, el gran Bob de Moor -mano derecha del estudio-, y otros. Mucho tiempo después, en el año 1977, en el catálogo de la exposición de “Tintin en Rotterdam”, el dibujante holandés Joost Swarte bautizó al estilo utilizado por la “Escuela de Bruselas” como “línea clara”, un estilo de dibujo limpio, con un trazo continuo, fondos muy documentados y estudiados, con rechazo a los negros con tramados, que según el propio Hergé distraían la atención del lector y
entorpecían el relato. La “línea clara” también se refiere a “un relato visual claro, ordenado y conciso”. No por nada este estilo “limpio”, “prolijo” y “disciplinado” tuvo muchísimos adeptos en la región germánica belga y en los países con ese origen, ya que son aspectos gráficos que reflejan una forma de vida. Y fue justamente un holandés (Swarte) quién realizó un manifiesto escrito acerca de este estilo.

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“En oposición” -si es que este término es el correcto- a esta escuela, tenemos a la llamada “Escuela de Marcinelle-Charleroi”. Ambas escuelas se gestaron entre los años ́40 y ́50, y tuvieron sus máximos momentos en los años ́60 y ’70. La “Escuela de Bruselas” debe su nombre a la editorial Lombard, que tiene su sede en dicha ciudad y que publicaba la revista “Tintin” desde el año 1946; la “Escuela de Marcinelle-Charleroi” debe su nombre a la editorial Dupuis, que tiene sus sedes en esas dos ciudades y que desde antes, desde el año 1938, era la responsable de la revista “Spirou”.

Esta última escuela (¿Tal vez con un alma más “franco-latina”?) tiene dos líderes que la representan, uno “espiritual” y el otro “artístico”: el “padrino espiritual” es Josep Gillain, más conocido por su seudónimo “Jijé”. Y el “representante artístico” por excelencia es el maestro André Franquin. Jijé, de mayor edad y trayectoria, descubrió que el joven Franquin era un diamante en bruto, y no tuvo que pulirlo mucho para que brillara. De la “Escuela de Marcinelle-Charleroi” podemos mencionar a Peyo (Pierre Culliford), Morris (Maurice De Bevere), Jean Roba, Maurice Tilleux, y a Will (por supuesto que a lo largo de los años, en ambas escuelas se fueron sumando decenas de autores, pero podemos citar a estos como sus
máximos representantes).

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Esta “línea Dupuis”, si bien en sus principios tenía ciertas similitudes con la obra de Hergé, con el tiempo comenzó a hacer hincapié en las “expresiones corporales” de sus personajes, a exagerar los estados de ánimo, a realizar grafismos un tanto más “funnies”, muy vinculados con el dibujo animado cómico (recordemos que Franquin, Peyo y Morris trabajaron juntos en un estudio de dibujo animado, y la primera aventura de “Lucky Luke”-muy diferente a lo que es hoy este personaje- fue concebida prácticamente como una “historieta-dibujo animado”, con personajes de formas redondeadas, muy blandos y fondos muy simples, símil el estilo Fleischer).Ejemplifiquemos un poco- desde la mirada personal de quien suscribe- estas diferencias estilísticas: Siempre me pareció que las historietas de “Tintin” parecieran silenciosas, todo está quietito, tranquilo; y en las de Franquin el movimiento y el sonido te destrozan los tímpanos. Cuando un personaje de Hergé grita, abre un poco la boca, unas rayitas rodean al personaje, y en el globo de diálogo (casi siempre rectangular) simplemente aparece un “¡Ah!”. En cambio, cuando un personaje de Franquin pega un grito, pues pega un grito: abre su boca de manera
desmesurada, dá saltos por toda la viñeta, su vena yugular se hincha de sobremanera, un color rojizo-violáceo inunda su rostro (desfigurado por la bocaza), y se lee, en letras bien visibles que llenan la viñeta (porque ningún globo alberga semejantes caracteres) un “¡¡¡¡AAAAAAAAAHHHHH!!!!”.

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En el primer caso, en Hergé el grito es parte de una historia, es un elemento más de su narrativa. Le va a dar mucha importancia siempre y cuando el argumento lo requiera. En Franquin, en cambio, el que grita, grita. Y si hay dolor, grita más todavía. Si bien hay una aventura en las historias, el fuerte de la “Escuela de Charleroi” está en la expresividad de sus personajes, y en los gags. Por algo en esta escuela la línea del pasado a tinta es “modulada”, mucho más expresiva que la de Hergé, que es una línea “continua”, casi sin levantar la pluma del papel.

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André Franquin no fue el creador de “Spirou”, pero fue el artista que mejor dió vida a la serie, creando todo un universo de personajes y situaciones como solo él pudo hacerlo. Asistido en el dibujo (pasado a tinta y fondos) por Jidehem (y en algunos albums por Roba), y en los guiones por su gran amigo Greg (y en un par de oportunidades por Peyo -que juntos dieron origen a “Los Pitufos” en un mítico almuerzo con un salero de por medio), Franquin se consagró como un verdadero “maestro”, un artista que supo transmitir en la hoja de papel las más bellos gags de la BD belga y por qué no, europea. Tras dejar las agotadoras jornadas de trabajo en “Spirou” a fines de los ́60, Franquin se entregó a su imaginación, y de su lápiz surgieron los albums de “Gaston Lagaffe” (al principio secundado por Jidehem), las “Ideas
Negras”, sus “Cauchemarrants”, sus monstruos y sus “doodles” y más entrado en años, las llamadas “Ideas Rosas”, esa serie de gags que escribió y dibujó para la serie animada “Les Tifous”. Pero para hablar de Franquin y su obra “pos Spirou”, se necesitan muchos más informes.

Unas palabras sobre “SPIROU”, en la palabra de Franco Fossati

(Franco Fossati fue un historiador italiano de Historietas, ya fallecido. Un Museo del Fumetto de Milano lleva su nombre en su honor. Extraído del libro “I grandi eroi del fumetto”). “Spirou, Bélgica, 1938. Creado por Rob Vel (Robert Velter).

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De “botones” a Héroe de mil aventuras.

Nacidos en esta serie, el misterioso Marsupilami y el vagoneta de Gaston Lagaffe, se convirtieron rápidamente en personajes popularísimos.Aparecido en el primer número de la revista homónima  -cuando en su interior prevalecían las páginas dedicadas a los grandes héroes norteamericanos pero ya se estaban gestando las bases para la que sería denominada “la escuela belga de la historieta”- Spirou es un  simpático y vivaz adolescente que inicialmente hace de “botones” en el Moustic Hotel y en seguida se convertirá, con Jijé, en una especie de émulo de Tintin, viviendo largas historias humorísticas y de  aventuras, ambientadas en viajes por todo el mundo.

Cuando Rob Vel fue movilizado por el ejército (fue herido y hecho prisionero por los alemanes en Lille), este personaje pasó rápidamente a las manos de Jijé que realizó nuevas aventuras, incorporando a la serie a un nuevo personaje, el bizarro, extravagante y superficial Fantasio. En 1946, Spirou pasa a manos de André Franquin que acentuó el tono de las situaciones humorísticas, haciéndole adquirir a la serie una notable popularidad.

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Al lado del aventurero Spirou y del hogareño Fantasio, aparecen de vez en cuando numerosos co-protagonistas: Desde la ardilla Spip al Marsupilami, un misterioso animal fantástico, indudablemente uno de los más interesantes animales fantásticos del mundo de la historieta; desde el Conde de Champignac, un simpático y extravagante inventor, hasta el malvado Zorglub, que a toda costa quiere dominar el mundo; y Zantafio, el megalómano primo de Fantasio. Entre los personajes de esta serie creados por André Franquin, se merece un lugar de honor Gaston Lagaffe, un simpatiquísimo vagoneta aparecido por primera vez en el año 1957, que en seguida se convirtió en protagonista absoluto de una larga serie de páginas autoconclusivas.

Para poder dedicarse exclusivamente a este personaje, en el año 1969 Franquin deja Spirou en las manos de Jean Claude Fournier quien continúa sus historias, pero sin la fuerza y la fantasía de sus antecesores.” (F.F., año 1990)

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Para completar la reseña de Franco Fossati, cabe señalar que la serie, una vez abandonada por Fournier para dedicarse a sus proyectos personales (como “Bidu” y otros), entró en una crisis, que fue superada con el tiempo. Raoul Cauvin y Nic Broca se hicieron cargo de la serie, pero en verdad adquirió un gran impulso cuando Tome y Janry tomaron las riendas. En este período, que va desde los años ́80 hasta fines del ́90, la serie se aproximó un poco más a lo que Franquin planteó, tanto en guión como en la parte gráfica.

Actualmente, Spirou volvió al ruedo (el album N°47), con dibujos del español José Luis Munuera y guiones de Morvan.

Es importante recordar que en los años ́80, poco antes de su muerte, Yves Chaland realizó una historia de “Spirou”, basado en el estilo gráfico de Jijé y del primer Franquin. Una joya que hace poco Dupuis reeditó en un album compilatorio.

Lecturas de “Spirou” recomendadas (De su etapa clásica)

Si se hiciera una encuesta entre los lectores de “Spirou”, sospecho que ganaría por lejos el album “Z como Zorglub” (Franquin, Greg, Jidehem) y su secuela, “El retorno de Z”, en donde hace sus maléficas apariciones el malvado Zorglub, el científico archienemigo del Conde deChampignac. Zorglub es tan  malvado como lo es Neurus en “Hijitus”, o el personaje de la Warner “Cerebro”, es de esos científicos locos que desean dominar el mundo a toda costa, pero que en el fondo el lector les tiene cariño.

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A mí, se me dan a elegir, me quedo también con “QRN en Bretzelburg” (Franquin, Greg), en donde Franquin ya comienza a realizar un estilo gráfico muy similar al que desarrolló con “Gaston Lagaffe” desde las páginas 320 o 400 en adelante de la serie. Lo mismo que “Un bebé en Champignac” (Franquin, Gos, Peyo) en donde Zorglub vuelve a la pequeña villa champignacsense. En la versión francesa de este album, hay un dossier con una aventura que transcurre en la redacción de la revista “Spirou”, con el protagonista, Fantasio, Lagaffe y todos los empleados de la oficina. Se titula “Bravo les Brothers”, y es un Franquin en todo su esplendor: Tres monos de circo, entrenados en malabares y acrobacias, haciendo estragos a la redacción de “Spirou”, con la complicidad de Lagaffe. Sublime.

Para los que gusten de las aventuras de estilo “tintinianas” (joven que viaja por el mundo), pueden deleitarse con unos albums anteriores a los mencionados, como “La mina y el gorila” (Franquin), “Tembo Tabú” (Franquin, Greg, Roba) o “El prisionero de los 7 budas” (Franquin, Greg, Jidehem) y otros. Todos son muy buenos.

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Salteamos la etapa de Fournier y de Cauvin-Broca, para llegar a la de Tome y Janry. Y aquí sí, una linda panzada: qué lindas mujeres dibuja Janry. Tome y Janry son los creadores de “El Pequeño Spirou”, que nació justamente en la serie “madre”: pueden leer el album “La infancia de Spirou”, en donde se da el puntapié inicial de la serie. “Con el agua al cuello” y “El Valle de los proscriptos”, Tome y Janry vuelven a llevar a “Spirou y Fantasio” a la aventura clásica, al reportero que viaja por el mundo. También son muy recomendables “Spirou y Fantasio en New York” (con la aparición de Don Vito, que no es otro que El Padrino Don Corleone) y “Spirou y Fantasio en Moscú”.

Y si se encariñaron con Zorglub, arremetan con “El despertar de Z”. Entretenimiento garantizado.
!OHCEVORP NEUB¡

PEQUEÑO HOMENAJE A LA BD FRANCO BELGA.

FABIO, EL BELGA, por Fabio Blanco
(periodista, biógrafo y guionista de historietas)

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Yo soy argentino pero belga de corazón.
Belga como Tintin, como Spirou y Fantasio…
Como Bernard Prince, como Jerry Spring…
Como Boule y Bill, como Jo, Zette y Jocko
De todos los pueblos de la Galia el belga es el más valiente. Porque si
hacer una estatua del Marsupilami no es valentía, que me expliquen qué es.
Soy un belga escapado de Inzepoket
un turista de Champignac
un visitante de Palombia
un tripulante de Le Cormorant
un residente de Moulinsart
un sabio de Futurópolis.
Soy la fórmula perdida del profesor Sato
un fetiche Arumbaya
un Pif Gadget
una máquina que sueña
una Marca Amarilla
una Idea Negra.
San Martín liberó Argentina, Chile, Perú y cuando creímos que salía
de la historia para siempre también le dió una mano a los belgas(*). Y Cortázar nació en
Bruselas (no, no era acento lo que se le notaba al hablar, pero es divertido pensarlo).
Digo Pitufo, Smurf, Schlümpfe, es decir Schtroumpf
corro con la escudería Vaillant
cabalgo con Corentin
vuelo con Buck Danny y Dan Cooper
y llego a heladas estrellas con Luc Orient.
No me jodan, que soy belga y puedo clavar un clavo con el dedo.
Se que cuando llegue al cielo, un San Pedro dibujado por Franquin me dirá:
-Te esperábamos. Hay un paquete para vos…
Y ahí mismo, entre coros angelicales trazados por Bob de Moor, desenvolveré el paquete y
tendré en mis manos ese ejemplar de L’Almanach Spirou 1947 que siempre quise…
Mientras tanto, A SUIVRE…

(*) Los Belgas querían nombrar a San Martín como Comandante en Jefe para liberarse de la
hegemonía flamenca. Pero aunque San Martín rechazó el cargo, les dio una mano con la
cuestión estratégica.

Algunas fuentes consultadas:

-“Más allá del Séptimo Arte. Historia de los cómics belgas”- Danny De Laet e Yves Varende.
Colección “Crónicas belgas”. Ministerio de Asuntos Exteriores, Bruselas, Bélgica. 1979.
-“I grandi eroi del fumetto”- Franco Fossati. Gremese Editore, Roma, Italia. 1990.
-“Franquin/Jijé. Entretiens avec Philippe Vandooren”- Editions Niffle, 2001.
-“Cairo. Especial Hergé”- Norma Editorial, Barcelona, España. 1983.
-“Historia de los Cómics”-Toutain Editor, Barcelona, España. 1983-1984.

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